Quiero ir de nuevo a Córdoba, le dije a mi abuela muerta, ella me tomó por la mano y me llevó sin cruzar palabra a una ciudad que desconocía, los edificios opacos despuntaban hacia las nubes, las cúpulas de las iglesias se inclinaban a su ruina. El porvenir de las emociones se adelantó a cada vuelta de esquina, la memoria empalmó sobre su mapa la nueva geografía.
Entonces llegamos a la casa, con fachada amarilla y tan ordenada como portal barroco. La abuela vivía y cantó y cocinó como siempre lo hizo. Yo la contemplé desde un punto entre el sueño y la vigilia, y morí en medio de ellos: los recuerdos vanos.
Iván Flores
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